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lunes, 16 de julio de 2012

Hartazgo vs Admiración


Cansado de algunos inútiles y asombrado de la magnificencia de otros muchos.

Hoy he pasado de un sentimiento de hartazgo a otro de admiración y vergüenza torera leyendo las noticias.

Hartazgo por ver como hay personas que compraron una vivienda normal, sin lujos ni excesos, asumiendo para ello hipotecas razonables, van a ser desalojados por haber ido al paro por falta de actividad empresarial. No todo son derrochadores y especuladores. No es justo juzgar a todos con el mismo rasero.

Hartazgo por ver como el poder económico está imponiendo lentamente su ley a todos y cada uno de los países, en lo que está siendo un golpe de estado silencioso y por todos tolerado. A cambio de ayudas para los bancos españoles, a quienes ya pagamos nuestras deudas todos los meses, tenemos los españoles que ceder la soberanía en asuntos tan vitales como la gestión tributaria y económica del país. Eso, en palabras llanas, es todo menos decidir como se fomenta la cultura y como se castiga un delito ajeno a bienes patrimoniales. Prefiero que desaparezcan los bancos a que sea una troika, mandatarios de los “mercados”, los que decidan en lugar de nuestros legítimos representantes (aunque inútiles), que hacer y como hacerlo.

Hartazgo por ver como el Estado no hace sino empeorar la situación, derrochando en épocas boyantes y despidiendo y recortando en épocas malas, gobernado por cabezas huecas (y en muchos casos presuntos corruptos), que lo único que saben es arrimarse al árbol que más sombra da,.

El estado, en una economía de mercado, debe estar en segundo plano y actuar como una amortiguador que corrige los fallos de esas leyes de mercado. Debe ahorrar en épocas de bonanza, velar porque eso no lleve a creación de burbujas y corregir de inmediato cualquier ralentización de la economía, por pinchazo de una burbuja. Debe suplir la inversión privada cuando ésta no se da y reservar recursos cuando la iniciativa privada hace innecesaria su intervención.

Hartazgo por ver como ahora los políticos quieren apuntarse un tanto cuando piden la comparecencia en el Congreso de los directivos de las entidades financieras quebradas, algo que en realidad se hace para salvar la cara, tras una lógica reivindicación pública y cuando la justicia ya ha aperturado diligencias previas para investigar lo ocurrido.

Pero todo no es hartazgo, hoy también he sentido admiración por ver que hay gente que es capaz de salir a la calle a apoyar las reivindicaciones de los mineros aunque no hayan visto una mina en su vida, ni sepan de su dureza. No sé si la mina es una industria a salvar, pero sí que si cambiamos el modelo productivo se ha de prever políticas para evitar que los trabajadores del sector sufran las consecuencias.

He sentido admiración por los integrantes del movimiento 15M que han conseguido reunir dinero para presentar una querella contra los directivos de las entidades financieras que nos han llevado a la ruina colectiva. Algo que además de admiración me hace sentir vergüenza torera por no hacer lo que también, y especialmente en mi caso, pude hacer.

He sentido admiración por esas personas que siguiendo un concepto moral y ético de la justicia han evitado que una madre con dos hijos se quede en la calle al no poder pagar una hipoteca para adquisición de una vivienda necesaria y para nada suntuosa.

Las normas existen y se deben respetar, pero su aplicación ha de ser desde la consideración de todos los factores y hechos, no parcial, y es un principio básico de cualquier cuerpo normativo el que no se puede proteger el beneficio que surge de la negligencia o culpa del responsable. En derecho se dice que el que ha actuado negligentemente (con culpa) no puede obtener beneficio de su propia culpa o negligencia. Todos estamos de acuerdo en que un maltratador no debe recibir pensión de viudedad si mata a su esposa. Pues igualmente un banco, miembro del sector financiero, cuyos excesos han provocado esta crisis y el paro de sus clientes, no debería poder adjudicarse el inmueble adquirido con el dinero prestado por el 60% de su tasación (conservando el derecho a reclamar el resto frente a otros bienes del deudor o sus avalistas), cuando el deudor no paga porque no tiene trabajo ni ingresos para reintegrar el préstamo. Otra cosa sería que el deudor no pagase el préstamo por mala fe o causa ajena a la crisis, o porque hubiese sido concedido para una vivienda suntuosa o por encima de las posibilidades económicas del deudor.

He sentido admiración por los jueces-magistrado que así lo han expresado en varias sentencias, estimando que la deuda quedaba saldada con la adjudicación del inmueble, por entender que lo contrario, pese a ser ajustado al literal de la norma, sería injusto por ir contra el principio precitado de no permitir el beneficio del culpable.

He sentido admiración por esa madre soltera que iba a ser desahuciada, que aun en esa situación límite, oportunamente solventada con la concesión de un piso de protección (alquiler de 70.-Euros/mes) y el aplazamiento de su lanzamiento, ha sabido ver y destacar que el problema no es la vivienda en este país (viviendas hay más que personas necesitadas de ellas), sino la falta de empleo. Como bien señala, da igual lo barato que sea el alquiler si no encuentra trabajo para poder pagarlo.

¿Cómo es posible que una madre soltera sin asesores ni información privilegiada vea las cosas más claras que todos los cerebritos que tenemos por representantes en las cámaras? Aquí sólo se habla de inyectar liquidez, de salvar a la banca y de recortar puestos y costes. La administración parece que va a recortar en personal y pagas extra. Los bancos intervenidos deberán recortar personal y cerrar sucursales. Y el IVA, impuesto indiscriminado e injusto como el que más, parece que subirá una vez más.

En una sociedad con un paro insostenible, ¿cómo puede ser considerado una solución elevar el número de personas sin ingresos, reducir el poder adquisitivo de los que trabajan y encima encarecer todo al subir el IVA? Hasta un niño entiende que echar gasolina a un fuego no es apagarlo.

Hasta un niño entiende que las empresas necesitan vender para subsistir y que sin poder adquisitivo o ingresos nadie consume.

Hasta un niño entiende que si no hay beneficio, no se pueden pagar deudas y que dar dinero a una entidad quebrada y sin actividad, es tirar el dinero. Da igual cuales sean las condiciones del préstamo porque no podrá reintegrarlo pues nada produce.

La economía de libre mercado es un circulo vicioso, que tiende a retroalimentarse en un sentido positivo o negativo hasta el extremo. Es papel del estado el controlar que se retroalimente en sentido positivo pero sin llegar al extremo de agotarse.

Ahora lo que está haciendo es animarlo para que se retroalimente negativamente hasta que no quede nada.

Menos mal que aun hay gente, mucha, con conciencia y con los arrestos de pelear por lo que es suyo y por que no le tomen el pelo con su aquiescencia.

Y por último, siento orgullo de poder ver que incluso en un cabreo monumental y una situación terrible, la gente me ha dado motivos para sentir admiración más veces que hartazgo.

lunes, 2 de julio de 2012

Un fin carente de principios


En pleno momento de crisis, quiero pensar que son muchos quienes recapacitan acerca de los posibles errores cometidos o las mejoras que se podrían acometer. Por mi parte, prefiero analizar los por qué de una situación sin precedentes.

Sin duda, no soy el más indicado para arreglar el desajuste en el que nos encontramos, dado que no dispongo de toda la información para ello, entre otras cosas. Sin embargo, me considero capaz de analizar mi contexto, y sobre eso, elaborar mis propias conclusiones.

Este proceso de meditación surge ante la pregunta: ¿Cómo definirías esta época, este periodo de tiempo, en pocas palabras?

A priori, la mayoría de nosotros recurriría a expresiones como la era de la tecnología, de la comunicación, de la globalización, de la democracia o del capitalismo. Pero me van a permitir que resuma todos ellos en uno. Prefiero definir este periodo como “un fin carente de principios”.

Si analizamos cada uno de los referentes sociales que podrían caracterizar estos días, nos encontramos con un denominador común en todos ellos: la ausencia total de principios, la pérdida de referentes, el abandono de los objetivos iniciales desvirtuados ante la avaricia humana.

Cuando hablamos de tecnología, no cabe duda que es uno de los sectores que ha sufrido mayor evolución en los últimos años, hasta el punto de convertirse en un modelador de conductas. La sociedad ha cambiado, como consecuencia de una herramienta tan potente como omnipresente. Vehículos, ordenadores, televisiones, móviles, internet... un sin fin de avances que surgieron como herramienta de apoyo al ser humano. Un modo innovador de contribuir a la eficiencia de nuestro sistema. Una ayuda para nuestros trabajadores, destinada a aumentar su producción a la vez que reducir su esfuerzo físico. Hasta aquí, nada que objetar.

Lo preocupante radica, como ya se comentó anteriormente en este blog, en que este principio generador de la idea, ha sido ninguneado públicamente, para convertir la tecnología en el máximo exponente de un capitalismo agresivo y despiadado. La tecnología, cada vez más, se convierte en un sustituto del ser humano. Un ente propio que nos insta a modificar nuestros hábitos para adaptarnos al ritmo endiablado en que se renueva el sector. Una herramienta capaz de restar validez a su creador, alejándolo de la ecuación y minando hasta sus virtudes más innatas. No son pocos los que denuncian un riesgo evidente en la falta de interacción social real entre los más jóvenes. Seres capaces de suplantar identidades antes que afrontar la suya propia. Es decir, un fracaso evidente del objetivo inicial.

En el caso de la comunicación, no hay duda de que las nuevas tecnologías y el poder de internet y las redes sociales se han convertido en el mejor vehículo de cara a mantener el contacto con aquellos que se encuentran más lejos. Una oportunidad de expandir nuestras necesidades más sociales y humanas, que ha derivado en una dependencia alarmante de los dispositivos para interactuar con nuestros iguales, divisando atrocidades como reuniones en las cuales los comensales de una mesa se comunican con interlocutores a kilómetros de distancia, mientras ignoran a quienes tienen delante. Conversaciones vía email entre personas en la misma habitación. Sin duda, un nuevo fracaso del objetivo original.

Si intentásemos analizar la democracia, descubriríamos una red infinita de representantes de la población, que lejos de ejercer su labor, se encuentran cuestionados por un pueblo que no se ve reflejado en ellos, ni se preocupa por ejercer su derecho en un juego del que hace años se fue desencantado.

La globalización, diseñada para difundir la diversidad universalmente, ha sido sustituida por un monopolio cultural donde los pequeños detalles se ven menospreciados ante la suculenta y todopoderosa tendencia global. Un saqueo colosal de las principales riquezas de este mundo.

El capitalismo, lejos de fomentar la libertad del ciudadano para acceder a aquello que considere necesario, se ha erigido en fiero defensor de una globalización mal entendida, estableciendo una dictadura de la moda, donde la sociedad se ve condicionada a consumir productos tan innecesarios como efímeros. Una obsolescencia programada que nos insta a invertir nuestro tiempo en generar el dinero necesario para continuar consumiendo necedades, mientras lo realmente importante se ve relegado a un segundo plano.

En esta línea podríamos seguir analizando aspectos de nuestra vida cotidiana, hasta convencernos de que este aparente final, no responde sino a una evidente ausencia de principios.

Nuestros pequeños nacen en un mundo abierto y adulto en el que no es fácil distinguir lo bueno de lo malo, donde la falta de contacto social, convierte en referentes vitales a seres tan lejanos como irreales. La figura paterna, seguida del profesor, se convierten en muestras obsoletas de un tiempo mejor.

Los medios de comunicación se empeñan en vender una imagen muy seductora, donde los oportunistas se convierten en líderes nacionales y los líderes nacionales en oportunistas, bajo la impasible mirada del resto.

El héroe ha pasado de ser el miembro más útil y válido de la manada, para vestirse de sinvergüenza espabilado y pícaro.

No podemos permitir que el sistema se rinda ante los inútiles, ya que esa dinámica sólo puede ir a peor. ¿O creen realmente que el inútil, no por ello menos listo, va a permitir que sus sucesores sean lo suficientemente válidos como para desprestigiarle y alejarlo de su reinado? Prefiero no ser tan iluso, y lejos de observar la realidad desde un perspectiva de negatividad, analizar los hechos con un pragmatismo meramente animal, para poder, a posteriori, actuar con la inteligencia que se le supone a los de mi clase.

No podemos permitir que todo lo conseguido en estos años, se vea enturbiado por la manipulación de unos pocos que se han empeñado en desviar nuestros caminos del sendero de la coherencia. Debemos recuperar el por qué de las cosas. Centrarnos en el motivo de su creación, el problema, para recuperar el objetivo ansiado, su solución.



domingo, 26 de febrero de 2012

El cine, ser o no ser


No hace mucho pudimos disfrutar de la gala de los Goya, último encuentro del gremio de cineastas, y ahora estamos en vísperas de los Oscars.

En aquel caso se trataba de premiar y reconocer las principales obras realizadas a lo largo del pasado año dentro del cine español, con pequeñas referencias ajenas en categorías especialmente dedicadas a ello. Por su parte, los Oscars se consideran la principal referencia internacional en la materia.

Más allá del acto en sí, y de las posibles opiniones que puedan surgir acerca de los resultados acontecidos, creo relevante debatir acerca de un gremio en peligro de extinción, no por culpa de la piratería, sino por la escasez de oferta de calidad y una negación absurda a la apertura frente a nuevas tecnologías.

Estamos de acuerdo en que la piratería como tal, es un mal que perjudica a todo el sector, así como lo hace en muchos otros gremios. Sin embargo es importante recalcar que piratería e Internet no son, ni de lejos, términos sinónimos. Evidentemente Internet se ha convertido en un nuevo escenario social, en el cual todos estamos invitados y al cual es cada vez más fácil acceder. Asimismo, este hecho asociado inevitablemente a la globalización, permite multiplicar indefinidamente la repercusión alcanzada por cualquier iniciativa o acción. Es decir, Internet permite ampliar horizontes a cualquier ciudadano interesado en hacerlo, lo cual nos deja dos posibles lecturas:

1.      “Cualquier ciudadano”: incluye tanto a ciudadanos ejemplares como piratas, de hecho cuando hablamos de internautas nos referimos a todos ellos (si estás leyendo esto, es que eres uno de nosotros), del mismo modo que con el término ciudadano incluimos tanto a trabajadores decentes como delincuentes.

2.      “Interesado”: Sólo aquellos decididos a mantenerse al margen de esta alternativa tecnológica, renunciarán a los posibles beneficios de una evolución social evidente. Sin embargo, negarse a tal oferta, no da derecho a cambiarla (por más que se aleje de nuestros principios e intereses) ni nos evita la posibilidad de vernos afectados por los inconvenientes que pueda generar.

Toda revolución supone el inicio de nuevas esperanzas, sí, pero a costa del final de algunas tradiciones. A lo largo de la historia, la sociedad se ha visto inmersa en innumerables muestras de esta evolución, traducidas en nuevas tendencias y aficiones, nuevas maneras de comunicarse e interactuar, de vestir, de pensar, etc. Por supuesto, todas ellas han derivado en oportunidades de negocio, dispuestas a erigirse sobre los cimientos de éxitos anteriores.

Por ello, parece algo insensato pretender nadar a contracorriente, en vez de girar la vista y buscar el mejor camino para adaptarse al entorno.

Sé que suena muy fácil de decir y muy difícil de hacer, pero también sé que es mucho más fácil sentarse en su sillón a destruir ideas en vez de levantarse y dedicar su tiempo a pensar en cómo mejorarlas. De ahí que la industria vuelva la cara a lo que se empeña en convertir en el enemigo.

No es el cine el único sector que se ha visto afectado por un cambio mundial en el modo en que la gente hace las cosas. ¿Qué es entonces lo que les da derecho a juzgar a millones de internautas por acciones que ni siquiera han cometido? De este mismo modo, sería desconsiderado por mi parte, incluir en el mismo saco a todos los profesionales de la industria cinematográfica. Me consta que existen algunos pocos dispuestos a luchar en contra de dichos miedos y a favor del cine y sus más fieles aficionados. Lo triste de esto, es que no sólo parecen ser una minoría, sino que los últimos acontecimientos nos muestran una Academia capaz de despedir a su director por recapacitar acerca de la identidad de ese “enemigo”. Una Academia que nos recuerda día a día su postura ante nosotros, los cinéfilos a los que además nos gusta disfrutar de Internet. Una Academia que representa a toda una industria que, o bien apoya sus manifestaciones, o bien observa apática como sus públicos representantes los guían hacia un suicidio colectivo.

En cualquiera de los casos, me tengo que mostrar reacio a darles mi apoyo a través del silencio y la resignación. El cine ha sido, es, y quiero que siga siendo, parte de mi tiempo libre, de mi vida. Pese a ello, depende más de vosotros que de mí. Lo cual me asusta, me inquieta y sin duda, me desagrada, pero prefiero animaros a reaccionar, a luchar por aquello en lo que creemos; confiar en que seréis capaces de superar este cambio.

Soy cinéfilo, es más, soy amante del cine en el más amplio y tradicional sentido del término, entendiéndolo como edificación en la que se proyectan películas en un entorno bien acondicionado acústicamente y aderezado con deliciosas palomitas y demás sucedáneos. Eso sí, la crisis amigos míos me obliga a privarme de este placer, para poder afrontar aspectos de mi vida no tan lujosos ni agradables.

A veces incluso llego a pensar que si tan mal está el negocio, ¿cómo es que no caen los precios de las entradas? ¿Cómo es que siguen gastándose millones en publicitar obras de dudosa calidad? ¿No sería más coherente reducir los precios, invertir en buenos contenidos y buscar alternativas de distribución menos costosas y más asequibles para el ciudadano de a pie? Al menos, estarían dedicando sus esfuerzos a recuperar el interés de sus clientes, en vez de acusarlos y decepcionarlos a diario.

Me parece genial que la respuesta a todas estas preguntas, decidan que sea la negación. Pero entonces, por favor, dejad de quejaros porque vuestro negocio se está resintiendo, cuando hay familias que no tienen ni para comer. El cine, os guste o no, es un hobby que muchos han convertido en su trabajo, pero no deja de ser un lujo. Negocios mucho más necesarios como la agricultura y la ganadería se ven al borde del abismo, la construcción se tambalea y la pesca se hunde en travesías peligrosas e improductivas.

Aprovechando la actualidad que nos mostráis, permitidme este símil: sería como si el cine mudo siguiera hoy día tachando al color y al sonido de delincuentes insensibles dispuestos a destrozar su futuro. Pero, si no me equivoco, aún hoy se pueden hacer películas en blanco y negro y sin voz, ¿no es así? Es más, he oído que incluso triunfan.


jueves, 23 de febrero de 2012

Radiography of my life


I am less than 30, too young for many, and too old for some others, but it depends on who you compare me with, doesn’t it?

I am here to talk about me, to describe myself, but please notice that I have not used the word ‘biography’ or even ‘autobiography’, but ‘radiography’ because I am not going to write about what I have done in life. I will write about what life has done to me instead. It is a personal trip to my deep inside instead of travelling around me.

Probably, that is not interesting for anyone, but at least it is interesting for me, and I am pretty sure that it could be a great opportunity for everyone to come with me in this travel and figure out what we have in common and what not.

As I have said before, I am almost 30, and I have been studying for more than 20 years, it means, I have received an education based on what people think is important in life. When I say people, I am trying to say that I have nothing to do on which subject or topics should I learn. That is the way it is. Right or wrong? We will see.

After choosing science branch of education, I decided to learn how to become an architect. Of course, before starting your career, you just have an unreal image of what being an architect means. Currently, after passing my final project and getting my degree, I still have no idea of what is the actual meaning of my profession.

As a Spaniard, I grew up learning my mother tongue and a little bit of English and German. As you can see here, my high rates on high school did not assure me any knowledge about foreign languages. It is a pity, I know. But what can I do?

However, apart from my lack of language skills, I found a job in Spain, doing what I have studied for. The economical situation forced me to accept several contracts, earning less than I should. That is fair enough. But maybe, it is not so fair to feel forced to leave your job, because the situation is so bad that you are not learning anymore, and everyday could be the last one. Instead of keeping on earning and enjoying doing nothing, I decided to leave my job and try a new adventure, of course, travelling abroad.

Easy to say, very difficult to reach. Travelling abroad? First of all, you have to improve your language skills, you have to prepare yourself to leave everything you have, and then, hurry up! because youth slips through your fingers.

Learn how to make a good CV in order to succeed, prepare your application letter, and after that try to resume your professional background. Once you have done everything, you have to start sending e-mails to every chance you find, wherever it is.

By the way, let me introduce you to the real world, where every minute without working is a minute you are losing money. Because your flat worths money, food and clothes as well, and of course petrol and language school.

As a conclusion, we could say that if you have done everything you could in order to find a good job and live your life without financial problems, you will get an amazing opportunity to start again in another country, learning a new way of working and building, while fighting against language difficulties. And that is not all, I am leaving my relatives in Spain, a country with a huge crisis, where well-educated people are flying away. It means, those people whose education they have paid for are very well prepared to help improving their country. But instead of that, they move abroad and use these acknowledges to improve other countries status.

Once I understood the size of this problem, I decided to change my mind and my personal goals again. I preferred to stay here, and give my best in order to find another way of helping. In this case, I had to make an effort to stay at home, to start my own business here and accept my new nickname, “the crazy one!”, the stupid one that did not want to scape from his country, but wanted to choose the best moment for travelling abroad by himself.

What have we done wrong? Or better said, what are we still doing wrong? If someone knows the answer, please help us! And, please, hurry up! We really need to find a solution.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La disociación

La disociación, la clave de la mayor parte de los problemas.

El dinero no es más que un pagaré emitido por un banco. Para evitar robos los comerciantes empezaron a emitir cartas de compromiso de pagos futuros (pagarés) respaldados por su patrimonio y solvencia, evitando así cargar en el mercado con cantidades importantes de oro (valor referencia entonces). Con el tiempo los bancos asumieron dicha función y en Europa posteriormente los estados a través de los Bancos Centrales. Hoy ya no existe tal garantía o respaldo en oro. El dinero se sujeta a las leyes de mercado, vale lo que la ley de oferta (del banco central que lo emite) y la demanda (los demás bancos demandan) marca.

Por otro lado, las sociedades mercantiles, son personas jurídicas. Una persona jurídica no es más que una ficción, por la cual la asociación de un numero de personas físicas (reales) que comparten un legítimo ánimo de lucro, pasa a tener la consideración de persona independiente de sus integrantes, con capacidad para obligarse y para ser titular de derechos.

Se crearon para que el emprendedor pudiese emprender sin que le coartase el miedo a perder lo que hasta ese momento había consolidado, limitando el riesgo que asumía a la inicial aportación a la sociedad, eso sí, a cambio de las correspondientes acciones o participaciones. Y eso está bien, pues son bases y normas del juego que conocemos antes de operar con una sociedad, cuya solvencia viene determinada por la cifra del capital social, que es un dato público.

Pues bien, explicado lo anterior, hay que decir que el problema viene cuando hemos interiorizado tanto ambas ficciones que se nos olvida que el dinero no es más que un medio de pago y que al final son las personas integrantes las que forman las sociedades, las que deciden y las que en el fondo son responsables de las consecuencias, aceptando que el dinero genere dinero sin producir nada en realidad y perdonándoles a las personas que dirigen esas entidades no sólo la responsabilidad patrimonial, sino también su responsabilidad moral, porque acabamos culpando al ente ficticio del mal y no a las personas que tomaron las decisiones.

Cuando se habla de los mercados financieros se nos olvida que en realidad los mercados son en realidad un relativamente reducido número de personas, que fundaron o son propietarios de un número algo más amplio de sociedades que a su vez tienen un gran número de filiales (bancos y hedge founds), que siguiendo sus directrices especulan con lo que algunos diligentemente producen.

La mayoría de hedge found, tienen entre su accionariado a múltiples entidades financieras, de las que son socias o partícipes a su vez diversas sociedades o entidades cuyo único titular final son un determinado grupo reducido de personas que se escudan en esos entramados societarios, que hacen suyo el  beneficio de especular y que luego socializan las pérdidas. Tan pocos son que, de hecho, cuando el Congreso de los EEUU quiso ponerle cascabel al gato, cito a declarar a tan sólo cinco gestores de los hedge founds más grandes y millonarios (http://es.wikipedia.org/wiki/Fondo_de_inversi%C3%B3n_libre)

Cuando un directivo de una entidad sale en los medios de comunicación, opinando sobre lo que habría que hacer o no y sembrando dudas sobre una empresa o estado, suele prestársele atención en base a sus méritos personales y su capacitación profesional, como si opinase objetivamente, como si fuese ajeno a todo, pero se nos olvida que tiene un interés directo a través de las entidades para las que trabaja, que no son más que una careta para su propia persona. Si ha ordenado a sus entidades apostar contra un estado y siembra dudas sobre dicho estado, está mirando por sus intereses, algo que ya se hace con total impunidad, pero que no deberíamos permitir.

¿Tiene lógica que el zorro diseñe la valla que protege el rebaño?

Por el mismo motivo cuando se habla de que una entidad ha repartido bonus o ha incrementado el salario de los directivos, bajo la justificación de que hay que evitar fugas de talento, no nos chirría. Ni siquiera en épocas como la actual, en las que los bancos están teniendo pérdidas. Pérdidas que son consecuencia de créditos otorgados incumpliendo directrices elementales a quienes luego han cuidado de esa persona o directivo que le consiguió el apoyo financiero.

Nuestro cerebro no alcanza a  sustituir el nombre de la entidad por el de los propios directivos que, en realidad, se han repartido el beneficio de la entidad, bajo la excusa de evitarse a sí mismos la tentación de marcharse (¿?¿?¿?) y en agradecimiento por la  gestión que hacen, que en realidad ha sido realizada en perjuicio de sus accionistas y de la propia entidad, mirando por su privado beneficio y causando pérdidas millonarias.

Nuestro cerebro no alcanza a entender que el banco cuando le dio un crédito “kamikaze” a un empresario o empresa con escasa probabilidad de éxito, en realidad lo que ocurría era que una determinada persona real, con intereses propios, abusando de su posición, estaba comprando futuros favores.

Así se explica que personas que eran directivos de Goldman Sachs y otras entidades que provocaron esta gran crisis, a través de la creación de “productos financieros basura”, sean ahora nombrados como “salvapatrias” sin que a nadie le dé un ataque de ira.

Porque no se entiende como alguien que era directivo de una entidad que realizó abusos hasta hundirse, forzando la intervención del estado (http://www.cnnexpansion.com/negocios/2009/07/22/goldman-sachs-se-libera-de-rescate), que invirtió impuestos públicos en evitar la debacle del sistema, puede ahora ser designado como presidente de un país, para salvarle de una situación por él y sus compañeros.

Un ejemplo:


Internacional – 17 de noviembre de 2011:

<<El banco más rentable de la historia de Wall Street, Goldman Sachs, ha explicado en un informe dedicado a la situación italiana que si finalmente el país designa un Gobierno de tecnócratas con un líder que goce "de personalidad externa y capaz" para gestionar la crisis, la especulación creada en torno al país mediterráneo descendería a gran velocidad. Uno de los nombres que se barajan para el puesto es Mario Monti, que precisamente trabajó para la entidad estadounidense como asesor internacional.>>

Eso es lo que en el resto del mundo se conoce como chantaje. Se lo traduciré: “Hasta que no pongas a mi amigo y persona de confianza, el Sr. Monti, a dirigir Italia para que pueda tomar las decisiones que me interesan, no voy a dejar de especular contigo y de ganar dinero a tu costa.”

Me considero a favor del gobierno de los tecnócratas, pero siempre que sean tecnócratas elegidos por sus méritos de forma democrática.

No me puedo contentar ni tolerar con el gobierno de los tecnócratas impuestos por sus desméritos y en base al más burdo de los chantajes, por quienes han provocado la ruina de muchas empresas y familias, en lo que es un GOLPE DE ESTADO. Me niego a que las personas reales, que han causado esta debacle económica, que a posteriori se han hecho de oro con cargo a las recapitalizaciones de los estados (a entidades que recordemos les pagan a ellos sueldos millonarios) me impongan ahora quien me representa.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sin rumbo definido

En una época donde la mayoría de la población se encuentra sumida en un caos y desconcierto propios de la situación económica reinante, nos enfrentamos a un problema aún mayor: Nos movemos sin rumbo definido. Siempre se ha dicho que de los malos momentos es cuando más se aprende en la vida, y que son las malas experiencias las que marcan nuestra personalidad y nos animan a mejorar. Sin embargo, la sociedad actual parece ajena a toda esta filosofía, esperando a que amaine el temporal, sin plantearse más allá de la niebla inmediata. Y con sociedad nos enmarco a todos.

Concretamente en el mundo de la construcción, sector líder en la economía nacional y por tanto a la cabeza de la debacle y recesión económica, es donde menos se ha aprendido y donde menos intención de mejora o reflexión existe.

La razón principal es que nos hemos mal acostumbrado a la benevolencia de un sector aparentemente al alza de manera indefinida, donde el dinero se ha reproducido a espuertas, sin exigir nada a cambio. Ahora, cuando el dinero desaparece y se esconde a cada minuto, donde el trabajo bien hecho no es sinónimo siquiera de cobrar o cubrir gastos, en este momento tan delicado…resulta que los agentes intervinientes en todo el proceso constructivo han decidido por unanimidad reducir los equipos al mínimo hasta el punto de verse superados por los escasos trabajos de los que disponen, logrando resultados incluso peores que los anteriores, en plena ebullición inmobiliaria. No hemos sido capaces de replantearnos la profesión, asumir nuestros errores y reconocer lo descabellado e irreal de la etapa vivida, sino que nos recreamos en la ilusión cegadora de un desastre pasajero y accidental. Señores: ¡el sistema ha fallado! Se han demostrado sus carencias y debemos resetearnos cual electrodoméstico bloqueado. Pero no, el ser humano es más inteligente que la máquina y es capaz de tropezar infinitas veces en la misma piedra y autoconvencerse de que la piedra no es real. Así somos. Y esto se demuestra en cada uno de nuestros actos.

Todos sabemos que este sistema capitalista (el cual no pretendo valorar) se basa en la ley de la oferta y la demanda, y es el equilibrio entre estas el objetivo final y utópico que lo motiva. Pues bien, en el mundo de la tecnología, que tanto nos abruma y atrae hoy en día, resulta incluso más evidente este proceso.

La tecnología es quizás el sector referente del capitalismo, en tanto en cuanto, ha sido capaz de convertirse en una necesidad social primaria, que lidera en el mundo desarrollado y motiva a aquellos en proceso de desarrollo.

Sin embargo la vinculación de este sector aplicado al mundo de la construcción ha derivado en una fallo de sistema básico. Es decir, los técnicos, seducidos por las oportunidades generadas por la tecnología, hemos perdido de vista el objetivo original, resolver las necesidades de la gente. Nos hemos cegado ante la inminente atracción generada por el nuevo oro conceptual, sin recaer en la condición de herramienta de la tecnología. La tecnología nunca puede ser un fin, sino un medio hacia un fin mayor.

Pues debemos entonar el mía culpa, ya que somos los técnicos los principales responsables del fracaso de la tecnología en el sector de la construcción. ¿Por qué? Sencillamente porque no somos capaces de emplear la tecnología para simplificar procesos. La tecnología es compleja pero se generó para ayudar a realizar las tareas con mayor celeridad y sin problemas. Pero no. Ahora nos encargamos de buscar el más difícil todavía con idea de demostrar una mayor capacidad de innovación, mayor originalidad e imagen de grandeza. Lo que se denomina generar oferta.

Sin embargo este enfoque es completamente erróneo, ya que el destinatario de esta tecnología no es sino el destinatario de la construcción, es decir, el ciudadano, independientemente de sus capacidades en materia de tecnología, o su interés por la innovación. Los consumidores, en su mayoría, no se sienten atraídos por la complejidad sino por la sencillez.

La domótica ha fracasado por la inseguridad generada entre los usuarios al no conocer el funcionamiento de sus nuevos mecanismos.

El nuevo concepto de Hogar Digital va más enfocado a los servicios que a la tecnología, pero el problema es aún más sencillo, una vez más. Se trata de concienciación social, concienciación entre los profesionales para reconcebir la tecnología y su aplicación a determinados sectores, y concienciación social para entender las posibilidades que ello nos genera.

En otras palabras, la concienciación social debe ser la encargada de generar demanda, motor fundamental de la economía y elemento clave en las reglas del juego.

Uno de los problemas más difíciles de resolver en este momento, no son el paro o la crisis económica, sino la cantidad de oferta desaprovechada y en pleno proceso de deterioro que jamás podrá solucionar la demanda no satisfecha existente y por aparecer.

Por otra parte, nos encontramos ante las nuevas tendencias constructivas, en boca de todos hoy día. Los conceptos vinculados a la sostenibilidad, construcción bioclimática o respetuosa con el medio ambiente están de moda. Lo verde vende. Y sin embargo nos estamos volviendo a equivocar, estamos perdiendo una oportunidad única de concienciar a la sociedad de un problema de gran magnitud, que debería preocuparnos a todos. ¿Realmente creen que cuando la gente entienda la situación y se haga cargo de ella, no van a demandar menor huella ecológica en sus viviendas? Y lo que es más importante, ¿realmente creen que en ese caso algún constructor, promotor o proyectista de prestigio vacilará acerca de la inclusión de las correspondientes medidas correctoras?
Señores, los problemas son muy complejos y las soluciones diversas, pero como en la tecnología, lo más sensato es centrarnos en descubrir la más sencilla posible y creer en ella hasta su consecución. Todo es cultura, así que enseñemos sostenibilidad y hagamos tangibles los métodos y conceptos “extraterrestres” que colmatan la mayoría de reuniones de trabajo asociadas a este sector en peligro de extinción.