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domingo, 4 de marzo de 2012

Falsa solidaridad


Últimamente se habla mucho de que los bancos van a acordar un código de buenas conductas con el Gobierno para que en caso de familias en riesgo de exclusión se acepte la dación en pago como forma de abonar y cancelar la deuda por la hipoteca.

Cuando un jurista escucha eso, no puede más que dejar escapar una sonrisa maliciosa, por no llorar, puesto que a uno le tomen por tonto no es plato de buen gusto, nunca. Yo no me creo que los bancos son buenos o que el Gobierno de repente ha mordido la mano que le da de comer.

Me explico:

- Lo primero por lo que a uno se le tuerce el gesto es por lo de “Código de buena conducta”. Ese eufemismo no significa norma vinculante, sino conducta recomendable, el comportamiento ideal pero no obligatorio. ¡Como si la banca tuviera algún tipo de código ético más allá del máximo beneficio!

La banca está permanentemente torciendo determinadas normas legales (tipo suelo, contratos SWAP, etc…), incluido las que le son de exclusiva aplicación (normas de Basilea), lo que les ha llevado a situaciones de auténtica insolvencia, y ahora quieren que nos creamos que van a respetar un código de buenas conductas… Si el banco lo respeta será por su propio interés, que no lo dude nadie.

- Pero es que además, a uno se le tuerce el gesto cuando escucha que se aplicará en los casos de “familias en riesgo de exclusión”, primero porque es un término indeterminado y vago que puede ser sujeto a muy diferentes interpretaciones, lo que genera inseguridad jurídica y segundo y más importante, porque es un eufemismo de “total y absoluta insolvencia, actual y futura”, lo que de hecho hace más ventajoso para el banco la dación en pago que una ejecución judicial hipotecaria.

Se supone que una familia en riesgo de exclusión social es una familia cuyo único patrimonio está constituido por el inmueble hipotecado y donde ningún miembro de la familia tiene trabajo o ingresos económicos. En esa situación es evidente que el banco de acudir a un procedimiento judicial, sólo va a conseguir cobrar a través de la adjudicación del piso. No hay dinero para embargar y probablemente nadie acudirá a una subasta para adjudicarse un piso por un valor mínimo elevado (la norma establece un valor mínimo y además hay que hacer un depósito del 20% de la valoración para acudir a la subasta).

Así las cosas, si al final el banco se va a adjudicar el inmueble, por el valor o importe mínimo establecido por la ley (60% valor de tasación) para supuestos de subastas desiertas y nada más, ¿para qué acudir al Juzgado, pagando abogado y procurador, cuando puedo quedármelo de forma mucho más rápida y barata a través de una dación de pago? ¿Para que gastar en costas judiciales y soportar retraso si tengo claro que el diferencial no lo voy a cobrar?

Que no nos engañen, los bancos ya están aceptando daciones de pago en situaciones tan extremas como las planteadas por el Gobierno. Una familia sin ningún ingreso económico o trabajo, va a entrar normalmente en una situación muy desgraciada y que no debería existir en un país como el nuestro, que le va a impedir en la mayoría de los casos y por mucho tiempo, llegar a tener ingresos o un patrimonio como para reintegrar la parte del préstamo no cubierto por el inmueble hipotecado.

Si al final el banco hace números con base en las estadísticas, a nivel global le sale más barato adjudicarse mediante dación de pago los inmuebles de esas familias insolventes, que iniciar una ejecución hipotecaria durante años, tener que abonar todos los créditos preferentes a su hipoteca y una vez que se lo adjudique y hasta que encuentre un comprador, abonar IBI, comunidad, etc… Por no hablar de que en la dación de pago el propietario deudor se marcha voluntariamente y así el banco evita las imágenes en televisión de desahucios que socavan su imagen corporativa.

Y que conste que no digo, ni diré, que todos los deudores hipotecarios morosos son unos santos y que la culpa es exclusivamente de los bancos, pues de todos es sabido que ha habido mucha gente que en las vacas gordas se ha lanzado sin mirar si había agua en la piscina, viviendo muy por encima de sus posibilidades. Gente que ahora intenta culpar a otro. Cada caso es muy específico y no se puede generalizar. No entro en quien es más culpable, no entro en la relación entre cliente y banco. Lo que digo es que no puedo creerme que los bancos, de golpe, se van a regir por normas éticas comunes al resto de los mortales. Los bancos se rigen y regirán por la búsqueda del máximo beneficio, algo legítimo mientras no se abuse de la posición o se usen medios ilegítimos.

Lo cierto es que el banco presta el dinero con la finalidad de ganar un buen dinero, tanto por comisiones de apertura o estudio, como por los cuantiosos intereses que ha percibido durante la vigencia del préstamo. Y es el banco el que con ese ánimo de lucro acepta un riesgo y determina el valor a efectos de subasta del inmueble, desde que se firma la escritura pública de la hipoteca. ¿Por qué luego no acepta el riesgo asumido y se da por satisfecho siempre con la entrega de un inmueble que valoró unilateralmente por valor superior al dinero prestado?

Pero es más, si las tasaciones estaban hinchadas, ¿por qué no les piden cuentas a las entidades tasadoras? Entidades que, además, imponían los bancos al consumidor. La empresa tasadora la elegía el propio banco, no el cliente.

¿Cuantos habremos escuchado la conversación típica del banco con el perito tasador por teléfono? “Mira, soy Perenganito del banco, que estoy con el cliente interesado en comprar la casa que estás tasando; que el cliente va a pedir prestado xxxxx.-Euros, luego para que la central me apruebe la operación la tasación ha de ser de al menos xxxxxx.-Euros.”

Eso ha ocurrido, todos lo sabíamos y todos lo hemos aceptado. Ahí en realidad lo que el banco hacía, bajo la apariencia frente al cliente de que engañaban a la “entidad”, era torcer las normas que rigen el riesgo máximo que la entidad puede asumir al prestar un capital con garantía hipotecaria (supuestamente el 80% del valor del inmueble y con una cuota de amortización e intereses que no exceda el 30% de los ingresos fijos de la familia o cliente). Las tasadoras entraron en el juego e inflaron de forma descarada las tasaciones, básicamente porque cobran en base al valor del inmueble tasado… Pero ahora nadie les pide que asuman su parte de responsabilidad.

Los bancos han tenido beneficios brutales durante los años de vacas gordas, en base a la asunción de un riesgo que ahora no les obligamos a asumir. Se les han entregado cantidades desorbitadas de dinero a fondo perdido, en avales estatales y por préstamos a intereses ridículos (del BCE) para que vuelvan a prestar a los consumidores. La realidad es que sólo hemos tirado el dinero en un hoyo. No hemos cambiado nada esencial, ni hemos pedido cuentas a los responsables, así que nada cambiará, no hay crédito para los ciudadanos y empresarios y el dinero que les hemos prestado no servirá más que para tapar boquetes y engrosar los bonus de los directivos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La disociación

La disociación, la clave de la mayor parte de los problemas.

El dinero no es más que un pagaré emitido por un banco. Para evitar robos los comerciantes empezaron a emitir cartas de compromiso de pagos futuros (pagarés) respaldados por su patrimonio y solvencia, evitando así cargar en el mercado con cantidades importantes de oro (valor referencia entonces). Con el tiempo los bancos asumieron dicha función y en Europa posteriormente los estados a través de los Bancos Centrales. Hoy ya no existe tal garantía o respaldo en oro. El dinero se sujeta a las leyes de mercado, vale lo que la ley de oferta (del banco central que lo emite) y la demanda (los demás bancos demandan) marca.

Por otro lado, las sociedades mercantiles, son personas jurídicas. Una persona jurídica no es más que una ficción, por la cual la asociación de un numero de personas físicas (reales) que comparten un legítimo ánimo de lucro, pasa a tener la consideración de persona independiente de sus integrantes, con capacidad para obligarse y para ser titular de derechos.

Se crearon para que el emprendedor pudiese emprender sin que le coartase el miedo a perder lo que hasta ese momento había consolidado, limitando el riesgo que asumía a la inicial aportación a la sociedad, eso sí, a cambio de las correspondientes acciones o participaciones. Y eso está bien, pues son bases y normas del juego que conocemos antes de operar con una sociedad, cuya solvencia viene determinada por la cifra del capital social, que es un dato público.

Pues bien, explicado lo anterior, hay que decir que el problema viene cuando hemos interiorizado tanto ambas ficciones que se nos olvida que el dinero no es más que un medio de pago y que al final son las personas integrantes las que forman las sociedades, las que deciden y las que en el fondo son responsables de las consecuencias, aceptando que el dinero genere dinero sin producir nada en realidad y perdonándoles a las personas que dirigen esas entidades no sólo la responsabilidad patrimonial, sino también su responsabilidad moral, porque acabamos culpando al ente ficticio del mal y no a las personas que tomaron las decisiones.

Cuando se habla de los mercados financieros se nos olvida que en realidad los mercados son en realidad un relativamente reducido número de personas, que fundaron o son propietarios de un número algo más amplio de sociedades que a su vez tienen un gran número de filiales (bancos y hedge founds), que siguiendo sus directrices especulan con lo que algunos diligentemente producen.

La mayoría de hedge found, tienen entre su accionariado a múltiples entidades financieras, de las que son socias o partícipes a su vez diversas sociedades o entidades cuyo único titular final son un determinado grupo reducido de personas que se escudan en esos entramados societarios, que hacen suyo el  beneficio de especular y que luego socializan las pérdidas. Tan pocos son que, de hecho, cuando el Congreso de los EEUU quiso ponerle cascabel al gato, cito a declarar a tan sólo cinco gestores de los hedge founds más grandes y millonarios (http://es.wikipedia.org/wiki/Fondo_de_inversi%C3%B3n_libre)

Cuando un directivo de una entidad sale en los medios de comunicación, opinando sobre lo que habría que hacer o no y sembrando dudas sobre una empresa o estado, suele prestársele atención en base a sus méritos personales y su capacitación profesional, como si opinase objetivamente, como si fuese ajeno a todo, pero se nos olvida que tiene un interés directo a través de las entidades para las que trabaja, que no son más que una careta para su propia persona. Si ha ordenado a sus entidades apostar contra un estado y siembra dudas sobre dicho estado, está mirando por sus intereses, algo que ya se hace con total impunidad, pero que no deberíamos permitir.

¿Tiene lógica que el zorro diseñe la valla que protege el rebaño?

Por el mismo motivo cuando se habla de que una entidad ha repartido bonus o ha incrementado el salario de los directivos, bajo la justificación de que hay que evitar fugas de talento, no nos chirría. Ni siquiera en épocas como la actual, en las que los bancos están teniendo pérdidas. Pérdidas que son consecuencia de créditos otorgados incumpliendo directrices elementales a quienes luego han cuidado de esa persona o directivo que le consiguió el apoyo financiero.

Nuestro cerebro no alcanza a  sustituir el nombre de la entidad por el de los propios directivos que, en realidad, se han repartido el beneficio de la entidad, bajo la excusa de evitarse a sí mismos la tentación de marcharse (¿?¿?¿?) y en agradecimiento por la  gestión que hacen, que en realidad ha sido realizada en perjuicio de sus accionistas y de la propia entidad, mirando por su privado beneficio y causando pérdidas millonarias.

Nuestro cerebro no alcanza a entender que el banco cuando le dio un crédito “kamikaze” a un empresario o empresa con escasa probabilidad de éxito, en realidad lo que ocurría era que una determinada persona real, con intereses propios, abusando de su posición, estaba comprando futuros favores.

Así se explica que personas que eran directivos de Goldman Sachs y otras entidades que provocaron esta gran crisis, a través de la creación de “productos financieros basura”, sean ahora nombrados como “salvapatrias” sin que a nadie le dé un ataque de ira.

Porque no se entiende como alguien que era directivo de una entidad que realizó abusos hasta hundirse, forzando la intervención del estado (http://www.cnnexpansion.com/negocios/2009/07/22/goldman-sachs-se-libera-de-rescate), que invirtió impuestos públicos en evitar la debacle del sistema, puede ahora ser designado como presidente de un país, para salvarle de una situación por él y sus compañeros.

Un ejemplo:


Internacional – 17 de noviembre de 2011:

<<El banco más rentable de la historia de Wall Street, Goldman Sachs, ha explicado en un informe dedicado a la situación italiana que si finalmente el país designa un Gobierno de tecnócratas con un líder que goce "de personalidad externa y capaz" para gestionar la crisis, la especulación creada en torno al país mediterráneo descendería a gran velocidad. Uno de los nombres que se barajan para el puesto es Mario Monti, que precisamente trabajó para la entidad estadounidense como asesor internacional.>>

Eso es lo que en el resto del mundo se conoce como chantaje. Se lo traduciré: “Hasta que no pongas a mi amigo y persona de confianza, el Sr. Monti, a dirigir Italia para que pueda tomar las decisiones que me interesan, no voy a dejar de especular contigo y de ganar dinero a tu costa.”

Me considero a favor del gobierno de los tecnócratas, pero siempre que sean tecnócratas elegidos por sus méritos de forma democrática.

No me puedo contentar ni tolerar con el gobierno de los tecnócratas impuestos por sus desméritos y en base al más burdo de los chantajes, por quienes han provocado la ruina de muchas empresas y familias, en lo que es un GOLPE DE ESTADO. Me niego a que las personas reales, que han causado esta debacle económica, que a posteriori se han hecho de oro con cargo a las recapitalizaciones de los estados (a entidades que recordemos les pagan a ellos sueldos millonarios) me impongan ahora quien me representa.